Si crees en la belleza, tenderás a nutrirte de arte, de música, de poesía. Si crees en la solidaridad te dedicarás a ayudar al prójimo, pero si crees que lo que verdaderamente importa es la materia buscarás en tu vida sólo aquello que es material y te dedicarás a acumular posesiones materiales.
El funcionamiento del materialismo es similar al de una droga, que te llena mientras consumes y luego te deja vacío. Así es como funciona. Pero ahora mucha gente percibe que ese sistema de creencias que nos fascinaba, esa seducción por la cultura del consumismo y el materialismo, es falso. Hace treinta años ya había críticos que advertían que el crecimiento económico ilimitado es imposible, pero ahora lo vemos casi todos. Como decía el economista Kenneth Boulding, “quien crea que el crecimiento exponencial puede continuar para siempre, o es un loco o es un economista”. Nos estamos dando cuenta de que este sistema no funciona. Y ese es el primer paso para cambiar.
En una sociedad sólida y estable, si quieres cambiar las cosas tienes un margen pequeño de acción. Pero en un momento de crisis multidimensional como la nuestra, las consecuencias de nuestras acciones se amplifican enormemente, porque todo está en un estado líquido, listo para convertirse en otra cosa. Creo que este momento abre grandes posibilidades de construir un mundo mejor.
La bonanza económica y la posibilidad de consumir cada vez más eran como un soborno a nuestra consciencia que nos hacía ignorar los problemas terribles del mundo, a nivel de derechos humanos y de crisis ecológica, por ejemplo. Creíamos que como yo cobro a final de mes y me puedo comprar lo que quiera, el sistema funciona.
Tenemos la base científica para una visión holística, en la cual nos damos cuenta de que todas las cosas son interdependientes y en la que la actitud más natural y más efectiva es cooperar y no competir. De ello puede nacer espontáneamente una actitud que no es de control sino de participación de los ciclos de la naturaleza.
La naturaleza es líder en tecnología porque todo lo que crea es mucho más complejo, mucho más bello y mucho más eficiente que lo que creamos nosotros. Creer que nosotros podemos controlar artificialmente el equilibrio ecológico de la Tierra es de una gran ingenuidad y arrogancia.
En la tradición budista se dice que nuestro afán de convertir lo cambiante en algo permanente es la raíz de nuestro sufrimiento, insatisfacción. Y en el fondo, todo lo que nos rodea -procesos naturales, sociales,...- son cosas que están siempre en transformación.
El agua se adapta a todas las situaciones y sin embargo -como dicen los clásicos taoístas- vence incluso a la roca más dura.
Pasar de esta actitud de control a una actitud de fluir es lo que te permite dejarte guiar por tu creatividad. También es una actitud mucho más sana. Se puede medir fisiológicamente cómo una persona que intenta controlar tiene mucha más tensión que una persona que siente que participa en el fluir de las cosas, que está naturalmente más relajada.
Las anteriores Perlas han sido extraídas del artículo "Otra Visión de la Crisis" de Emilio Carrillo



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